GRUPO LITERARIO TARDES DE LA BIBLIOTECA SARMIENTO
Más de 50 Años de poesía con la gente
Era 1958 y el país se debatía entre los contras y los pro, entre el desarrollo y la decadencia, entre los libros y las alpargatas. En Villa Dolores, la tarde de los sábados, la nueva Biblioteca Sarmiento, recibía a un grupo de poetas que querían hacer resonar los versos en las Tierras del Por Venir. Lideraba el grupo un maestro inquieto llamado Oscar Guiñazú Alvarez.
El 28 de agosto (1958) de aquel año, el grupo se constituyó en una entidad cultural y eligió un nombre: Tardes de la Biblioteca Sarmiento, por que la Biblioteca sarmiento era el lugar donde comenzaron a reunirse. Lo integraban además los poetas Pedro Asdralio Carreras de la Serna, Horacio Figueroa, Carlos Antonio Garro, Enrique Lacaze, Mario Pagura, Salomón Sabas, Albino Suárez Gómez, Cristóbal Tello Luján y Rafael Horacio López (que aun hoy nos acompaña con vigor admirable junto a su esposa Lita).El grupo tenía algunos principios: promover la lectura y la escritura, sobre todo de poesía, y realizar actos culturales gratuitos, que permitieran la participación de los vecinos en general.
Encuentro legendario
“Intercambian los versos/ beben intensos vinos/ improvisan amores que más tarde/ hay que pasar en limpio (...) viven días sonoros/ noches alucinadas...”. Con estos versos, Osvaldo Guevara ha pincelado el clima del encuentro dolorense. Amigos de siempre, caras nuevas o conocidas, cofrades o extraños llegan Villa Dolores ciudad tranquila y blanca que cada primavera reedita la misma liturgia bajo el mismo lema: “Poesía y Amistad”.
Todos coinciden en que, además del programa formal, el “verdadero encuentro” se extiende después de hora en las calles, los patios y los bares donde las madrugadas se prolongan con versos, abrazos y guitarras.
HISTORIA
En 1958, un grupo de poetas dolorenses que se reunía las tardes de los sábados en la Biblioteca Sarmiento dio forma a la institución que en enero de 1962 organizó el primer encuentro. Seis invitados llegaron entonces para compartir un único día de versos y vivencias. El convocante más entusiasta era Oscar Guiñazú Alvarez, un maestro y periodista que luego abrazaría la causa con fervor quijotezco, y le daría una continuidad empecinada hasta su muerte, en 1996. De a poco, la reunión de Villa Dolores comenzó a difundirse y a crecer. Cada vez llegaba más gente y de más lejos, incluso muchos que no eran invitados. En 1966 llegó desde Chile Olga Villanueva Díaz, inaugurando un nuevo perfil del encuentro: la internacionalidad. Desde entonces, arribaron cada año al valle poetas uruguayos, bolivianos, chilenos, brasileros, peruanos, ecuatorianos, españoles, brasileros, paraguayos y colombianos.
EXPRESION REGIONAL
Las dictaduras militares hirieron al encuentro pero no lo mataron. Un interventor militar pidió sin nunca conseguir la lista de invitados para “controlar” un encuentro. Oscar Guiñazú, que además de activista cultural era gremialista de UEPC, sufrió persecuciones y “exilios internos” en los 70, pero no dejó de recibir a los poetas, aunque a esta altura el cónclave se había trasladado de enero a octubre.
En los 80 cada edición, de cinco días, llegó a tener más de 150 invitados. Comenzó también el apoyo de la provincia, de otros municipios y la respectiva visita a diversas localidades del valle, con lo cual el evento se afianzó como una expresión esencial de la cultura regional.
Luego fue la crisis económica quien impuso sus limitaciones, aunque el ritual de cada octubre siguió latiendo con fuerza.
EL ENCUENTRO PADRE
Teresa Gomez Atala fue durante más de 20 años la Secretaria de Guiñazú Alvarez y de la institución. “Antes yo era una isla –señala- después pude mejorar mi poesía, pero también mucho más: con el encuentro adquirí maestros, amigos, ellos son mi familia...”. Casi 50 años de cónclaves nutren un anecdotario interminable. De los encuentros de Villa Dolores nacieron poemas, libros, matrimonios, hijos, divorcios, amistades, amores, antipatías, instituciones culturales, nietos y otros encuentros de poetas.
Osvaldo Guevara, Rafael Mario Altamirano, Jorge Najle y Carlos Gómez Chapanay son algunos de los poetas que vinieron a algún encuentro y se quedaron para siempre.
Por unos días, la ciudad y el valle verán deambular a los poetas, que con sus alforjas de historias y versos, perfilan un paisaje que ya sienten propio.
Los objetivos se fueron cumpliendo. El empecinamiento feliz de Guiñazú Alvarez derivó en enero de 1962 en el Primer Encuentro de Poetas, que duró un día y recibió a seis visitantes. Cada año, la idea fue creciendo a medida que la noticia corría por el país. El evento pasó a octubre, mes con más escuelas y menos calor. En 1968, con la chilena Olga Villanueva, el Encuentro se hizo internacional. Así, el evento más importante de la región recibió a escritores de casi toda América Latina. Guiñazú ya se había convertido en el inventor de una modalidad cultural que luego comenzaría a ser imitada en el país y en América del Sur, lugar donde se reconoce al de Villa Dolores como el lugar donde comenzaron los encuentros de poetas. Quienes hemos heredado aquella antorcha, tenemos el honor y el desafío de hacer que su fuego siga brillando.
El hoy
Oscar Guiñazú Alvarez nos dejó en 1996. Y como la institución era él, a quienes quedamos nos costó mantener el fuego. Hoy el Grupo Literario Tardes de la Biblioteca Sarmiento trabaja intensamente. Además del Encuentro ya legendario, organiza desde hace más de diez años semanalmente todos los días jueves un Café Literario entusiastamente concurrido, presenta libros, realiza publicaciones, actos diversos, intervenciones y mantiene este blog que te invitamos a visitar donde encontraras las actividades culturales que realizamos
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